El óleo que compré en Oporto lleva ocho meses apoyado en el suelo del estudio, recordándome cada mañana que prometí enmarcarlo antes de que acabara el verano. Mi madre lo llamó «testamento de mi indecisión» en la última videollamada y, por mucho que me fastidie, no le falta razón; sigo esperando, eso sí, el martes perfecto para colgarlo. 🖼️