Nunca cuento que aprendí a manejar a los 28, después de años negándome a subirme a un auto tras el accidente de mi prima. Mi viejo tardó meses en convencerme de hacer las prácticas en el Falabella vacío los domingos a la mañana. Hoy cruzo la 9 de Julio en hora pico sin que me tiemble el pulso.