El otro día me encontré a doña Carmen en el cuarto piso sin ascensor, 82 años y una caja de libros que pesaba más que mi abuela en paz descanse; me ofreció un café con leche y me contó cómo conoció a su marido en la fila del pan en el 62. Subí y bajé esas escaleras maldiciendo la vida y la logística, pero cuando me despedí me apretó la mano y me dijo "gracias, hijo, hoy no me siento sola". Por eso mi consejo: no te saltes nunca el portal, aunque vayas con el culo por los hombros, porque a veces