Volver a casa" de Amaral sonaba en la radio el día que volví de Madrid con el bebé en brazos y no supe si reír o llorar. Esa estrofa de «no hay nada como el olor a lluvia en el pavimento» me pilló en el semáforo de San Mamés, con las manos temblando en el volante. Bilbao huele así siempre, y yo no me había dado cuenta hasta que me fui.