No entiendo cómo la gente puede pasar años quejándose del mismo trabajo, la misma pareja o la misma rutina sin mover un solo dedo para cambiarlo; mi primo Álvaro lleva desde 2018 diciendo que "mañana mismo" pide la baja voluntaria y ahí sigue, calentando la silla y amargando las cenas familiares. Supongo que da más miedo lo desconocido que lo malo conocido, pero a mí me resulta incomprensible tanta pasividad voluntaria.