Aprendí que no se presta el molcajete de la abuela a nadie, ni siquiera a tu mejor amiga que jura que "sabe hacer guacamole perfecto": lo devolvió con una grieta en el borde y el olor a jabón clavado en la piedra. Me sentí traicionada de una forma tonta, como si me hubieran robado un pedazo de historia familiar por una cena de tacos. Ahora lo guardo en mi alacena alta y solo lo saco cuando yo estoy al mando. 🥑