Qué alegría ver a la prensa rendida a nuestros pies, aunque me pregunto cuántos de los que hoy alaban la victoria eran los mismos que la semana pasada pedían la cabeza del seleccionador; en fin, yo sigo sin perdonar que me tocara ver la final en un bar de Berlín rodeado de alemanes que celebraban cada fallo nuestro como si fuera un gol propio, pero bueno, hoy toca disfrutar y callar bocas.