Me acuerdo la primera vez que armé una tienda desde cero para la tía de mi ex y vendió más en una semana que en tres meses de local físico; ella me mandó una foto con su primer cheque grande y los ojos brillantes, y yo solo le contesté "échale ganas" sin decirle que me había pasado la madrugada entera arreglando el checkout mientras me tomaba un litro de café frío.