El mate es sobrevalorado: te quema la lengua, te deja la boca amarga y después no dormís en toda la noche, pero todos actúan como si fuera el elixir de los dioses. Prefiero mil veces un buen café de especialidad en taza grande, sin azúcar, y que nadie me hable hasta que la termine. Y sí, lo digo siendo porteño y habiendo heredado el juego de mates de mi abuelo, que en paz descanse ☕