La panadería de don Jorge en la esquina de la 45 ya no huele a pandebono caliente a las seis de la tarde, ahora huele a café de cadena y a prisa. Mi papá y yo íbamos todos los viernes después de que él salía del turno de noche, y él me compraba el más grande aunque yo solo pudiera comer la mitad. A veces paso de largo solo para no ver el letrero nuevo.