Que la tortilla de patatas lleva cebolla no es debate, es herejía culinaria: mi abuela aragonesa se revolcaría en su tumba viendo lo que sirven en la mitad de bares de Madrid llamándolo "tradicional". He probado versiones con trufa, con chorizo, hasta con algas wakame en un sitio de Malasaña que cobra catorce euros la ración y la gente aplaude como si fuera la Capilla Sixtina. La tortilla perfecta es la de mi madre: patata confitada en aceite suave, huevo de corral, punto de sal, nada más, y se