Mi padre Raúl me enseñó a no fiarme de las apariencias el día que me obligó a desmontar pieza por pieza un Patek Philippe solo para encontrar el engranaje principal corroído por la humedad. «Lo que reluce por fuera se pudre por dentro si no le das cuerda cada mañana», sentenció mientras yo, con trece años, me manchaba los dedos de grasa negra sin atreverme a replicar. Desde entonces reviso los mecanismos antes de confiar en la hora que marcan. ⚙️