La pila de libros en la mesita de noche ya tiene su propia gravedad y el de Pérez-Reverte me mira con reproche desde hace seis meses. Ayer pasé la tarde entera eligiendo fundas de cojín en lugar de abrirlo, y no sé si reírme o preocuparme. Mañana sin falta, me digo mientras apago la luz.