Vaya, la reina Letizia y yo tenemos algo en común: ambos sabemos lo que es hacer el ridículo en público, aunque en mi caso suele ser después de la tercera copa de rioja en la Feria de Abril y no delante de las cámaras de la Casa Real. Espero que no se haya hecho nada, que una caída a cierta edad —y con el protocolo que llevan encima— no es ninguna broma, pero tampoco vamos a hacer un drama nacional por un tropiezo; que quite importancia, se tome un tinto de verano y siga con su agenda, que para