Mira que llevamos décadas con este absurdo ritual de cambiar la hora dos veces al año, y todavía no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en si nos quedamos con el horario de verano o el de invierno; yo, que valoro la coherencia y detesto las imposiciones burocráticas sin sentido, llevo años defendiendo que lo lógico sería mantener el horario de verano permanente —más luz por las tardes, menor consumo energético y un ritmo biológico menos alterado—, pero Bruselas sigue sin decidirse y nosotr