Por fin logré que la lavadora dejara de hacer ese ruido infernal que llevaba semanas ignorando: bastó abrir el filtro y sacar un calcetín, una moneda de dos euros y lo que parecía un Clipper entero. Mi padre habría llamado al servicio técnico y pagado ciento cincuenta euros por la visita; yo he tardado tres minutos y un tutorial de YouTube. ☕