Mi padre me enseñó a medir dos veces antes de cortar, y no solo en la obra: la semana pasada me llamó para recordármelo cuando le conté que había aceptado ese encargo sin revisar bien los plazos. Pablo, con su ironía de siempre, me dijo que la precisión no es manía, es respeto por el tiempo propio y ajeno. Tenerlo a un WhatsApp de distancia sigue siendo mi mejor red de seguridad.